Para ganar nuevos clientes, una distribuidora suele ofrecer plazos de pago más largos. Puede darse la situación en que las ventas crecen un 25 %, pero el dinero recién ingresa 45 o 60 días después. Mientras tanto, la empresa debe seguir pagando sueldos, impuestos y proveedores.
Resultado: aumenta la facturación, pero disminuye la disponibilidad de efectivo.
Para hacer frente a ese crecimiento, suele ser necesario aumentar el stock. Eso significa inmovilizar dinero en productos que todavía no fueron vendidos. El inventario es un activo valioso, pero no paga las cuentas hasta que se convierte en ventas y luego en cobranzas.
Esta es una situación muy común. Puede ocurrir que se paga al proveedor a 30 días pero se cobra al cliente a 60 días. Durante ese período, la empresa debe financiar esa diferencia con capital propio o con crédito. Cuanto más crecen las ventas, mayor suele ser esa necesidad de financiamiento.
Una empresa puede tener una excelente performance en su estado de resultados y, al mismo tiempo, tener problemas para pagar sus obligaciones. La utilidad refleja el desempeño económico; la caja refleja la capacidad de cumplir con los compromisos diarios.
Cuando los plazos de cobro y pago son similares y no existen variaciones significativas en inventarios o inversiones, la rentabilidad y la liquidez (generación de caja) suelen evolucionar de manera parecida. Sin embargo, seguirán existiendo diferencias originadas por conceptos contables sin movimiento de fondos, como las amortizaciones, y por otros factores propios de la operación.
Muchas PyMEs conocen cuánto vendieron el mes pasado, pero no tienen una proyección a futuro. No saben cuánto van a cobrar, cuánto deberán pagar, y cuál será el saldo de caja dentro de 30, 60 o 90 días. Sin esa previsión, es más difícil anticiparse y tomar decisiones a tiempo para prevenir problemas de liquidez. Aquí se vuelve crítico poder planificar para generar estrategias de financiamiento al menor costo posible.
A medida que la empresa vende más, normalmente necesita financiar más inventario, más cuentas por cobrar, y tambien mayores gastos operativos. Si ese crecimiento no viene soportado por una planificación financiera precisa, la presión sobre la caja aumenta.
Muchas distribuidoras ya cuentan con un ERP o un sistema de gestión que registra miles de datos cada día. El desafío no suele ser la escasez de información, sino transformarla en accionables como los siguientes:
¿Cuánta caja necesitaremos el próximo mes?
¿Qué clientes consumen más capital de trabajo?
¿Qué productos generan mayor rentabilidad?
¿Qué indicadores conviene revisar para anticipar problemas?
Cuando esa información es clara y oportuna, la dirección puede tomar decisiones con mayor previsibilidad.
Crecer es la mejor noticia que podríamos escuchar en una PYME, pero también implica nuevos desafíos financieros. La buena noticia es que muchos de ellos pueden anticiparse si la empresa cuenta con información confiable, una planificación adecuada y un seguimiento periódico de los indicadores más relevantes.
En definitiva, las finanzas no deberían explicar lo que ya ocurrió, sino ayudar a decidir lo que puede ocurrir, y prevenirlo o estar preparados.
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